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Los Guardianes de Tirisfal

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"Los Guardianes de Tirisfal" es una sección de la historia de Warcraft, Capítulo II. Está situado 2.700 años antes de Warcraft: Orcs & Humans.

Los Guardianes de Tirisfal

Según la biblioteca secreta de los Altos Elfos (2700 años antes de la Primera Guerra) Con la ausencia de los trolls de las tierras del norte, los elfos de Quel'Thalas se dedicaron a fortalecer su gloriosa patria. Los victoriosos ejércitos de Arathor volvieron a casa en la sureña Strom. La sociedad humana creció y prosperó, mientras que Thoradin, viendo como su reino se extendía, mantuvo a Strom como el centro del imperio arathoriano. Después de muchos pacíficos años de crecimiento y comercio, el poderoso Thoradin murió de vejez, dejando a la joven generación de Arathor libre para expandir el imperio más allá de las costas de Strom. Los cien magos originales, quienes fueron instruidos en los caminos de la magia por los elfos, estudiaron sus poderes y estudiaron las místicas disciplinas de hacer encantos con mucho más detalle. Estos magos, inicialmente escogidos por su fuerza y noble espíritu, siempre practicaron la magia con cuidado y responsabilidad. Sin embargo, pasaron sus secretos y poderes a una generación nueva que no tenía concepto de los rigores de la guerra o la necesidad por sobrevivir. Estos jóvenes magos empezaron a practicar la magia por gusto personal sin ninguna responsabilidad para con sus congéneres. Como el imperio se extendía hacia nuevas tierras, los jóvenes magos también viajaron hacia el sur. Usando sus poderes místicos, los magos protegían a sus hermanos de las criaturas salvajes de la tierra e hicieron posible la colonización en nuevas ciudades-estado construidas en las zonas salvajes. Sin embargo, como sus poderes crecían, los magos comenzaron a aislarse del resto de la sociedad. La segunda ciudad-estado arathoriana, DALARAN, fue fundada al norte de Strom. Muchos magos de todos los confines de Strom dejaron atrás la ciudad y viajaron a Dalaran, donde esperaban usar sus nuevos poderes con gran libertad. Estos magos elevaron una inmensa espiral encantada, la Ciudadela Violeta, en Dalaran, y se sumergieron en lo profundo de sus estudios. De esta forma, los magos humanos aprendieron a convocar las ventiscas y la lluvia, a tele-transportarse de un lugar a otro, a volverse invisibles, a metamorfosear a otros seres en animales, e inclusive, lograron liberar a los Elementales de Agua de su prisión, y utilizarlos en el combate como aliados. Los ciudadanos de Dalaran admiraban a los magos y constituyeron una fuerte economía bajo la protección de las artes mágicas de sus defensores. Pero un secreto poder acechaba a los despreocupados humanos. Los siniestros agentes de la Legión Ardiente, que habían sido expulsados con el estallido del Pozo de la Eternidad, fueron atraídos al mundo por los constantes hechizos de los magos de Dalaran, que había logrado romper el delgado hilo que separa la realidad de las dimensiones etéreas. Estos relativamente débiles demonios no aparecían como una fuerza peligrosa, pero causaban considerable confusión y caos en las calles de Dalaran. Muchos de estos demonios provocaron insólitos eventos, y los magos regidores de Dalaran decidieron ocultarlos del público. Los más poderosos magos fueron enviados a capturar a los elusivos demonios, pero a veces eran vencidos por algún solitario y poderoso agente de Legión. Después de unos pocos meses, los supersticiosos campesinos empezaron a sospechar que sus magos les ocultaban una terrible verdad. Rumores de una revolución empezaron a recorrer las calles de Dalaran y los paranoicos ciudadanos dudaban acerca de las prácticas y motivos de los magos que una vez admiraron. Posesiones, apariciones de temibles criaturas demoníacas, asesinatos sin motivo alguno, empezaron a producir el pánico entre los habitantes de la ciudad. Los Magos, temiendo una rebelión por parte de los campesinos y que Strom tomara acción contra ellos, se volvieron al único grupo que entendería su particular problema: los Altos Elfos. Alarmados por las noticias de los Magos acerca de la actividad demoníaca en Dalaran, los elfos enviaron rápidamente a sus magos más poderosos a las tierras humanas. Los magos elfos estudiaron las energías en Dalaran, y elaboraron reportes detallados de actividad demoníaca en la ciudad. Concluyeron que eran debidas solamente a unos pocos demonios perdidos en el mundo, pero la Legión misma podría retornar si los humanos continuaban usando las fuerzas de la magia. Recordando el pecado de sus ancestros, el Concejo de Silvermoon, que regía los elfos de Quel'Thalas, hizo un pacto secreto con los Magos de Dalaran. Los elfos informaron a los Magos acerca de la ancestral historia de Kalimdor y la Legión Ardiente, una historia que había estremecido al mundo. Informaron a los humanos que, mientras más tiempo usaran la magia, tendrían que proteger a sus ciudadanos de los malvados agentes de la Legión. Los Magos propusieron la noción de dar poder a un simple campeón mortal, quien utilizaría sus poderes colectivos para pelear una infinita guerra secreta contra la Legión. Esto permitiría a la mayoría de la humanidad ignorar por completo la existencia de los Guardianes y su guerra contra la Legión, por temor a que el pueblo entrara en pánico y paranoia. Los elfos estuvieron de acuerdo y propusieron fundar una orden secreta para dedicarse a la elección del Guardián y ayudarle a combatir el caos en el mundo. Esta era la forma en que los Altos Elfos se redimirían de sus pasadas faltas… La sociedad estableció sus reuniones secretas en las sombrías Praderas de Tirisfal, donde primeramente desembarcaron los Altos Elfos en Lordaeron. Se llamaron a sí mismos como la secta secreta de los Guardianes de Tirisfal. Los campeones mortales serían escogidos para ser Guardianes y serían imbuidos por los poderes de los magos elfos y humanos. Solamente habría un Guardián a la vez, pero tendrían un vasto poder para derrotar a los agentes de la Legión donde quiera que los encontrara. El poder del Guardián era tan grande que solamente el Concilio de Tirisfal era capaz de elegir los potenciales sucesores del Guardián. Cuando un Guardián era muy viejo, debil o se cansaba de su guerra secreta contra el caos, el Concilio elegía un nuevo campeón, y bajo condiciones controladas, formalmente canalizar los poderes del Guardián en el nuevo agente. Con el paso de las generaciones, los Guardianes ha defendido a la humanidad en su guerra invisible contra la Legión de fuego sobre las tierras de Arathor y Quel´thalas. Arathor crecía y prosperaba mientras el uso de la magia engrandecía su imperio. Mientras tanto, los Guardianes se encargaban de observar cualquier signo de actividad demoníaca.

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