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Los dioses antiguos y el orden de Azeroth

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Los dioses antiguos y el orden de Azeroth es parte del Capítulo I de la Historia de Warcraft aparecida en la página web de World of Warcraft. Se trata a su vez de una revisión de la historia recogida en el manual de Warcraft III: Reign of Chaos con el nombre El ordenamiento de Azeroth donde se explicaba más extensamente esta parte de la historia.

En IconoWoWMini aparece otra versión retocada en forma de libro que los jugadores pueden leer.


Ignorando la misión de Sargeras de deshacer sus incontables trabajos, los titanes siguieron moviéndose de mundo a mundo, dando forma y poniendo orden en cada uno como creían adecuado. A lo largo de su viaje se encontraron con un pequeño mundo al que sus habitantes llamarían, más adelante, Azeroth. Mientras los titanes se abrían paso por su paisaje primordial, se encontraron con un número de seres elementales hostiles. Estos elementales, que adoraban a una raza de seres infinitamente malvados conocidos como los dioses antiguos, juraron hacer retroceder a los titanes y mantener a su mundo libre del toque metálico de los invasores. El Panteón, preocupado por la inclinación hacia el mal de los dioses antiguos, luchó contra los elementales y sus oscuros amos. Los ejércitos de los dioses antiguos estaban liderados por los tenientes más poderosos de los elementales: Ragnaros el Señor de Fuego, Therazane la Madre Pétrea, Al'Akir el Señor del Viento y Neptulon el Cazamareas. Sus caóticas fuerzas se alzaron sobre la superficie del mundo y chocaron con los colosales titanes. Aunque los elementales eran poderosos más allá de la comprensión mortal, sus fuerzas combinadas no podían detener a los poderosos titanes. Uno a uno, los señores elementales fueron cayendo y sus fuerzas se dispersaron.

El Panteón destrozó las ciudadelas de los antiguos dioses y encadenó a los cinco malvados dioses bajo la superficie del mundo. Sin el poder de los dioses antiguos para mantener sus fogosos espíritus vinculados al mundo físico, los elementales fueron expulsados a un plano abisal, donde deberían luchar unos contra otros por toda la eternidad. Con la salida de los elementales, la naturaleza se calmó y el mundo se dirigía hacia una pacífica armonía. Los titanes vieron que se había contenido la amenaza y comenzaron a trabajar.

Otorgaron fuerzas a varias razas para ayudarlas a dar forma al mundo. Para ayudarlos a excavar las insondables cavernas bajo la tierra, crearon a los terráneos, parecidos a los enanos, a partir de piedra viviente mágica. Para asistirlos a drenar los mares y elevar la tierra del fondo marino, crearon a los inmensos pero amables gigantes marinos. Los titanes durante muchos años movieron y dieron forma al mundo, hasta que al fin quedó un continente perfecto. En su centro, crearon un lago de centelleantes energías. El lago, al que llamaron Pozo de la Eternidad, estaba destinado a ser la fuente de la vida en el mundo. Sus poderosas energías alimentarían los huesos del mundo y darían energía a la vida para que echase raíces en el rico suelo de la tierra. Con el paso del tiempo, plantas, árboles, monstruos y criaturas de todo tipo comenzaron a prosperar en el primordial continente. Cuando cayó el ocaso del último día de su labor, los titanes llamaron al continente Kalimdor: "tierra de eterna luz de las estrellas".

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En IconoWoWMini puede leerse por medio de un libro cuyo texto presenta algunas variaciones con respecto al publicado en la página oficial de World of Warcraft. Dicho libro puede encontrarse en el Apothecarium de Entrañas en El Domicilio en Profundidades de Roca Negra, en Darnassus junto al Guardia Argenta Manados, en la Sala de los Expedicionarios de Forjaz, en la fortaleza de Menethil en los Humedales y en Scholomance. Cuenta para el logro Money achievement Erudito.


Los dioses antiguos y el orden de Azeroth

Desconociendo el empeño de Sargeras en destruir sus grandes hazañas, los titanes continuaron viajando de un planeta a otro, ordenando y sembrando de paz los sitios a los que iban. Durante el trayecto, hallaron un pequeño planeta cuyos habitantes llamaron Azeroth.

Mientras los titanes examinaban el paisaje originario, encontraron a numerosos elementales hostiles. Estos elementales, que veneraban a una raza de seres de insondable maldad conocidos como los dioses antiguos, juraron que echarían a los titanes y protegerían su entorno de la presencia metálica de los invasores.

El Panteón, inquieto por las inclinaciones malignas de los dioses antiguos, declararon la guerra a los elementales y a sus maestros oscuros. Los ejércitos de los dioses antiguos actuaban bajo las órdenes de los tenientes elementales más poderosos: Ragnaros el Señor de Fuego, Therazane la Madre Pétrea, Al'Akir el Señor del Viento y Neptulon el Cazamareas.

Sus caóticas fuerzas rugieron por todo el universo y se enfrentaron a los colosales titanes. Aunque los elementales tenían un poder más allá de toda comprensión, sus fuerzas conjuntas no podían detener a los poderosos titanes. Uno a uno, los señores elementales cayeron y sus fuerzas se dispersaron.

Los miembros del Panteón arrasaron los reductos de los dioses antiguos y encadenaron a los cinco dioses malignos en el subsuelo del planeta. Sin el poder de los dioses antiguos para mantener sus furiosos espíritus atados al mundo físico, los elementales fueron desterrados a un plano Abisal, donde lucharían entre sí por toda la eternidad. Tras la partida de los elementales, la naturaleza se apaciguó y en el mundo reinó una pacífica armonía. Al acabar con la amenaza, los titanes se pusieron manos a la obra.

Así, otorgaron poderes a numerosas razas para que les ayudaran a construir un nuevo mundo. Para ayudarles a cavar las insondables cavernas subterráneas, los titanes crearon a los terráneos, similares a los enanos, utilizando mágicas piedras vivientes. Para crear los mares y elevar la tierra por encima del nivel del mar, los titanes crearon a los inmensos, pero gentiles gigantes marinos. Durante varias eras, los titanes moldearon la tierra hasta crear un continente perfecto.

En el centro del continente, los titanes crearon un lago misterioso de energías incandescentes. El lago, llamado Pozo de la Eternidad, constituía la fuente de la vida de todos los seres que habitaban el planeta. Sus poderosas energías alimentaron los huesos de todo ser viviente y sembraron de vida aquel rico suelo. Con el tiempo, plantas, árboles, monstruos y criaturas de todas las clases empezaron a prosperar en el continente primigenio.

En el crepúsculo del último día de sus obras de creación del mundo, los titanes dieron al continente el nombre de Kalimdor: "tierra de la eterna luz estelar".

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