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Dioses Antiguos

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Los Dioses Antiguos, también conocidos como Primigenios, son parásitos interplanetarios del tamaño de continentes. En tiempos ancestrales, surgieron del Vacío Abisal, subyugando y esclavizando a varias especies inteligentes, así como a las fuerzas elementales del planeta; estableciendo el Imperio Oscuro.

TrasfondoEditar

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Y'shaarrj

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N´zoth.jpg

N'zoth

[[File:Yogg-saron-.jp Poco se conoce acerca de los Dioses Antiguos y de sus enloquecidos adoradores; prácticamente nadie en Azeroth conocía de su existencia hasta que C'Thun hizo su aparición en Ahn'Qiraj.

Incluso ahora que están en su prisión bajo tierra, los dioses poseen fanáticos adoradores, la mayoría ellos han perdido toda cordura y se han corrompido completamente. A pesar de estar aprisionados o aletargados en un profundo sueño, su poder es tan grande que sus destructivas auras se filtran en Azeroth y enloquecen a aquellos de sus habitantes que se dejan influir por ellas, parasitando y atacando mentalmente, en algunos casos son gente malévola pero también los hay que adoran deliberadamente a los dioses por despecho, cuando sienten que otras organizaciones dominantes a las que han servido, los han acabado decepcionando, también hay seres demasiado débiles como para poder resistirse a los susurros tenebrosos. Algunos 'librepensadores' a veces empiezan a adorarlos con el deseo de una posible destrucción del mundo; creyendo que uno nuevo y mejor se levantará tras la estela de la destrucción. En cualquier caso, estos adoradores no conocen la esencia de los Dioses y su conocimiento se basa en la desinformación ya que cualquiera que consiga contactar con los Dioses Antiguos, está casi seguro irrevocablemente destinado a enloquecer.

C'Thun, Yogg-Saron y también Y'shaarj eran los únicos Dioses Antiguos cuyos nombres se conocían.

N'zoth es un cuarto Dios antiguo del cual se desconocen muchas cosas. Es el responsable de la Pesadilla Esmeralda. También es el ser que es en gran parte responsables de la corrupción de Neltharion (Alamuerte) y estado actual. Probablemente un quinto dios antiguo se hallaría bajo las tierras de Costa Oscura, uno de sus esbirros, Soggoth, se puede ver claramente al aire libre en La Espada del Maestro.

HistoriaEditar

Algunos milenios después de sus primeras visitas a Azeroth, y tras seguir reformando más mundos, los Titanes regresaron, para seguir de cerca la evolución del planeta, pero vieron horrorizados, como todo lo logrado en ese astro había sucumbido ante la feroz e infinita maldad de los letales “seres simbióticos parasitarios necrófobicos”, más conocidos como los Dioses Antiguos: criaturas portadoras de la muerte pura, de vastos cuerpos, tan grandes como continentes, y parasitarias de mundos donde sembraban la semilla del caos para luego alimentarse de la energía negativa que ellos mismo provocaban, para ello, habían esclavizado a los elementales del mundo y les obligaban a combatir en guerras inacabables entre los mismos Dioses Antiguos. La energía negativa que desprendía el sufrimiento del mundo por la desestabilización masiva de los elementos, alimentaba y engrandecía a los malévolos entes. Unas extrañas criaturas abominables identificadas como los Ignotos, parecían adorar y servir lealmente a estos horribles seres.

Ignoto.PNG

Los Titanes atacaron las fuerzas de ignotos y elementales de los Dioses Antiguos, lideradas por cuatro “Señores Elementales”, escogidos de entre los más grandes y fuertes elementales de cada elemento: Ragnaros, el Señor del Fuego, Therazane, la Madre Roca, Neptulon, el Cazamareas, y Al'Akir, el Señor del Viento.

Aunque los cuatro Señores Elementales eran bastante poderosos, no pudieron hacer nada contra los mismísimos Titanes, y fueron derrotados y, por el momento, capturados. Los elementales estaban contenidos y los horrendos ignotos parecían retirarse momentáneamente, pero los Dioses Antiguos aún seguían vivos y contaban con más fuerzas: los Aqir, un enjambre de criaturas-insecto inteligentes y muy desarrolladas, que servían también lealmente a los oscuros entes.

Los Titanes entonces llamaron a sus creaciones para que les ayudaran en su lucha contra la sombra que amenazaba con destruir el mundo, pero comprobaron que la mayoría de sus hijos de titanes estaban plagados por una extraña y muy virulenta maldición, la “Maldición de la Carne": esta peculiar enfermedad en una primera etapa volvía deforme a cualquier ser de naturaleza pétrea que naciera en los mundos que parasitaban los Dioses Antiguos, además de irlos enloqueciendo para posteriormente (el proceso es relativo) degenerarlos (estructuralmente hablando) finalmente y volverlos mortales. De esta manera, la matriz de formación estaba contaminada y seriamente dañada.


Elementales.png

Elementales

 Los Titanes no podían matar a los Dioses Antiguos definitivamente pues esa maldición

había creado también una simbiosis entre el planeta y los cuerpos y las mentes de los malévolos seres, y si morían o sus descomunales cuerpos eran extraídos del planeta, este perecería de forma instantánea.

Esta característica la comprobaron los mismos Creadores al matar a uno de los Dioses Antiguos: Y’shaarj, quien estaba intentando conquistar el Valle de la Flor Eterna, Territorio Sagrado protegido por los mogu y el guardián titánico creador de la raza, Ra-Den. Estos habían plantado una feroz resistencia, y finalmente, Ra-Den en persona junto a los Titanes consiguieron matar al primero de los horrendos seres parasitarios. La muerte de este hizo darse cuenta a los Titanes de su verdadera naturaleza. Por si fuera poco, del cadáver emergieron unos oscuros seres de gran fuerza que más tarde se llamarían “Sha”, y que también se enfrentaron a los Creadores. Incluso muertos, los Dioses Antiguos seguían destruyendo los planes del Panteón.

Entonces los Titanes extrajeron el corazón del gran cadáver de Y’shaarj, y encargaron al guardián titánico Norushen, compañero de Ra-Den, custodiarlo para siempre en la correspondiente bóveda subterránea en la cual fue enterrado el órgano.

Otro parásito cayó también, el Dios Antiguo C’Thun, pero de él no emergieron otros malvados seres sha, ni tembló el suelo, eso era porque en realidad seguía vivo aunque moribundo por el duro combate en el que acabó con la vida de uno de los titanes, arrastrándolo en su caída final. Sin saberlo, los Creadores lo dieron por muerto y lo enterraron bajo tierra como hicieron también con el cadáver de Y’shaarj, ya que no podían ser extraídos del planeta. Así que a pesar de estar muerto, Y’Shaarj permanecería en el mundo, y el avispado C’Thun también…

A los demás Dioses Antiguos aún vivos se les combatió y, una vez derrotados, se les aletargó para impedir la continua expansión de su influencia por el mundo y se les enterró también bajo una enorme capa de tierra. Como éstos si seguían vivos, una parte de sus cuerpos se alzó a la superficie para poder interactuar con ella en caso de que volvieran a despertar repentinamente de su estado letárgico, dicha parte estaba fuertemente encadenada.

Uno de los más peligrosos, Yogg-Saron, el Dios Antiguo de la Muerte, formador de la Maldición de la Carne, no solo fue enterrado y una parte suya encadenada, sino que además esta parte estaría encerrada dentro de una enorme ciudad-prisión titánica: Ulduar, excavada y alzada entre los picos más altos del frío polar norte del planeta, el llamado “Techo del Mundo”.

También tendría en su interior, entre otras maquinarias y reliquias, unas nuevas salas de creación llamadas 'Forjas de los Deseos' habilitadas con una nueva matriz de formación mejorada que produciría hijos de titanes totalmente inmunes a la Maldición de la Carne: una nueva versión mejorada de las razas titánicas.

La máquina en sí contaba con un vasto sistema de piezas que facilitarían y habilitarían la tarea de forjar a las nuevas creaciones, y que abarcaban una buena porción del complejo, hasta tal punto que las grandes montañas o picos de los alrededores estaban huecos y rellenados con dichos complejos engranajes, que garantizaban el total rendimiento de la Forja.

Además, para proteger a estas creaciones recientes, se formaron otras razas semilla mucho más poderosas en Ulduar, y éstas eran: los Terráneos, los Mecagnomos, los Tol’vir, los Vrykul y los Gigantes, todas ellas mejorando las creaciones originales.

El siguiente movimiento de los Titanes fue resolver definitivamente qué hacer con los elementales capturados: los encerrarían a todos y a sus respectivos Señores Elementales en un Plano Astral (una dimensión aparte) en dónde residirían en cuatro subregiones según los cuatro elementos diferentes en los que estaban clasificados. De ésta manera, los elementos se calmarían en el astro en formación y los elementales podrían seguir alterados luchando entre sí, sin dañar la superficie planetaria, anclados espiritualmente pero sin poder interactuar físicamente en él. Como ambas dimensiones estaban conectadas, para impedir que el Plano Elemental chocara contra el planeta, los Titanes crearon una enorme columna de rocas, minerales, piedras magnéticas y energías muy poderosas, que mantendría el tejido de la realidad bien estructurado.

Respecto a los insectoides aqir, por razones desconocidas, fueron dejados en libertad por la superficie.

El mundo por fin estaba en formación una vez más, sin embargo, los Titanes desconocían que los malignos y muy rencorosos Dioses Antiguos, desde sus profundas cavernas, conspiraban y se susurraban entre ellos... aguardaban el momento oportuno para poder invadir el planeta nuevamente, y desatar en la superficie el caos de los elementales y sus respectivos señores otra vez. Por otra parte, y a pesar de estar enterrados, contenidos y aletargados, estos seres parasitarios aún tenían algo de poder residual guardado, y lo utilizarían cuando fuera necesario...

Mientras tanto, las razas semilla de hijos de titanes, fueron acabando de constituir el mundo, que quedó perfectamente ordenado en un solo y único gran continente en el centro del planeta, rodeado por un vasto océano de agua.

Pronto múltiples razas, inteligentes o no, empezaron a resurgir por doquier.

Algunas muy antiguas, como los trol que, al fin libres de los oscuros susurros de los Dioses Antiguos, siguieron con sus vidas mortales. Ellos habitaban el planeta desde tiempos muy lejanos, más lejanos aún que los de los mismos Dioses Antiguos, y ahora vivían por fin libres.

Los aqir se limitaron a seguir subsistiendo en el nuevo mundo, alejados de las mentes de los Dioses Antiguos y en eterno conflicto con las tribus trol. Mientras tanto los Creadores, utilizando sus poderes más místicos, viajaron al centro del nuevo continente y formaron el gran Pozo de la Eternidad: un lago de fuerzas incandescentes que sería la fuente principal de energía natural y positiva que alimentaría a todo el planeta. A su vez, los Territorios Sagrados crearían vida y la esparcirían.

Los Titanes, en sus últimos días sobre la faz del planeta llamaron a su único continente “Kalimdor”; que significaba en su idioma “Tierra de la Eterna Luz Estelar”.

Antiguo Kalimdor.png

Antiguo Kalimdor

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